"El Señor abrirá los cielos, su generoso tesoro, para derramar a su debido tiempo la lluvia sobre la tierra, y para bendecir todo el trabajo de tus manos…" (Deuteronomio 28:12)
"¿Por qué a mí?" es una pregunta que muchos se hacen frecuentemente, y a unos más que otros nos toca escucharla y tratar de dar respuesta.
En esta ocasión quisiera hacer una reflexión diferente sobre el tema, esto a raíz de dos historias que me han comentado en la misma semana. Una de un exdelincuente convertido al cristianismo, la otra de un enfermo. Ambos se preguntaron a si mismos "¿Por qué a mí?".
No pedían explicación por sus desgracias sino por una bendición. El primero tiene a sus excompañeros muertos o encarcelados, y se pregunta por qué él no sufrió el mismo destino. El segundo, con problemas generalizados en sus huesos, ha vivido una curación milagrosa y se pregunta por qué ha sido objeto de esta gracia de Dios. Esto me hace acordar que cuando era un niño fui atropellado por un auto, y las huellas de los neumáticos habían quedado marcadas sobre mi ropa, pero sin embargo sólo sufrí unos raspones, ¿Por qué a mí?
¿Por qué Dios nos bendice? ¿Cuál es el parámetro que toma en cuenta para bendecir? ¿Será por qué soy cristiano? ¿Por qué soy buena gente? ¿Por qué soy mejor que los demás? ¿Por qué estoy predestinado a ser alguien importante?
"La única causa que conozco para la bendición de Dios, es el mismísimo amor de Dios."
La única causa que conozco para la bendición de Dios, es el mismísimo amor de Dios. No se trata acá de Justicia sino de Amor. A veces por causa de su amor Dios parece ser injusto. Parece que Dios tuviera preferidos, a algunos los ayuda a otros no. Esto porque nosotros seguimos nuestros parámetros basados en un intento de Justicia: "A cada uno lo que le corresponde".
Si Dios utilizara ese mismo parámetro… Bueno, nadie recibiría nada, en ningún momento de su vida. Si hablamos de Justicia ante Dios, pues nunca alcanzaríamos a merecer algún favor suyo. Ni milagros, ni nada de lo cotidiano. Si Dios tuviera que verme a través de sus "anteojos" de Justicia, pues no vería ningún justo en mi, ningún merecedor de nada, salvo de la condena que demanda hacer Justicia. Por eso nunca le pido a Dios que sea justo conmigo, porque tendría que empezar a quitarme muchas cosas que me regaló sin merecerlo.
¿Por qué a mí? ¿Por qué Dios sigue bendiciéndome? Vuelvo a repetirlo: por su amor. Este es un parámetro que no solemos usar nosotros. No se pretende aquí de dar para recibir, o recibir y verse moralmente obligado a retribuir. Dios da porque ama. ¿Será que ama a unos más que a otros? Dios ama a todos por igual. A los que le siguen y a los que no le siguen. A los que lo honran y a los que lo rechazan. Inentendible para nosotros.
¿Por qué a mí? Porque Dios me ama. ¿Por qué tengo un buen trabajo y una buena posición económica? Porque Dios me ama. ¿Por qué no me falta el pan en la mesa? Porque Dios me ama. No porque sea bueno, no porque sea cristiano, no porque sea más inteligente, no porque sea alguien que se esfuerce más que los demás. Todo depende del amor de Dios y nos hace favores sin merecerlos.
"Lo que él nos ha dado en Cristo (el perdón, la vida, la salvación) es más que suficiente para sentirse satisfecho. Con Cristo ya tenemos todo, seamos mendigos o millonarios."
No acudamos a Dios en busca de Justicia para nuestras vidas, sino busquemos su Misericordia. Por su gracia y su amor bendice. Seamos agradecidos a Dios, y en todas las cosas de la vida que disfrutamos, reconozcamos su amor hacia nosotros. No lo tenemos por merecerlo sino que Dios nos lo da aunque para él no lo merezcamos. ¿Por qué Dios me ha dado familia? ¿Por qué Dios me ha dado trabajo? ¿Por qué Dios me ha dado la iglesia? Por su amor en Cristo. Dios también nos llama la atención con su bendición para que le reconozcamos y seamos beneficiados finalmente de su gracia en Cristo. Lo que él nos ha dado en Cristo (el perdón, la vida, la salvación) es más que suficiente para sentirse satisfecho. Con Cristo ya tenemos todo, seamos mendigos o millonarios. En Cristo está la más grande demostración de amor, y no de justicia, de Dios para con nosotros. En Cristo Dios ama a todos, amigos y enemigos.
Conferencia Pastoral Nacional
Los días 26 a 29 de agosto pasado, los pastores de la Iglesia Evangélica Luterana Argentina, nos reunimos en Paraná para celebrar la primera conferencia pastoral anual, después de largos años de interrupción.
El tema que nos convocó fue: La confesionalidad luterana en el siglo 21. Aún en este siglo la confesionalidad es un tema de gran importancia. En la confesionalidad se encuentra nuestra identidad como iglesia luterana, y los principios para desarrollar el ministerio público de la iglesia en conformidad con las Santas Escrituras.
Si usted quiere saber más sobre lo que significa ser confesional, o lo que entendemos por confesionalidad, no dude en comunicarse con nosotros. Aprovechamos para informarlse que hemos subido a nuestra página web la "Confesión de Augsbugo".
12 y 26/09 Desayuno Biblico
Los días domingo 12 y 26 a las 10.30hs empezaremos con nuestros "Desayunos Bíblicos". Se trata de un espacio en donde, entre café y medialunas, nos alimentaremos espirtualmente de la Palabra de Dios.
18/09 Escuela Bíblica para niños
El día sábado 18 a partir de las 17hs continuaremos enseñando a los niños acerca de Dios a través de una nueva parábola de Jesús.