Pelea la buena batalla de la fe; haz tuya la vida eterna, a la que fuiste llamado... (1Ti 6:12)
Si ponemos a pelear a dos perros de misma raza y edad, ¿Quién ganará la pelea? Agradezco al Pastor Silvio Schatz de Mar del Plata por haberme inspirado a escribir este artículo con una pequeña reflexión que nos compartió iniciada con esa pregunta. El pastor Silvio nos hizo notar que ganará el mejor preparado y entrenado. Luego nos invitó a reflexionar sobre nuestra condición espiritual, haciendo una comparación.
En el bautismo es introducido el nuevo hombre en el individuo, y comienza la pelea constante. El viejo hombre permanece y constantemente quiere tomar el control de nuestras vidas. Sin cesar va a dar pelea a nuestro nuevo hombre para vencerlo. Hemos aquí lo importante que es crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios, nutrir nuestra fe con los medios de gracia y solicitar diariamente la guía divina por medio de la oración.
Ante las tentaciones, si el perro de Dios no está entrenado, ganará el perro malo. Con nuestra vida y rutina, cada decisión, al mismo tiempo que es pelea, va formando y entrenando. Si nos dejamos contaminar, por ejemplo con ciertos contenidos de la televisión, esta es una pelea ganada por el perro malo, pero a su vez el viejo hombre se nutre de toda esa contaminación, haciéndose más fuerte.
El pastor Silvio trajo como ejemplo a esos padres que bautizan a sus hijos, pero luego nunca les acercan una Biblia, ni los instruyen en la fe, dejando en sus hijos la decisión: "Que ellos elijan cuando sean grande". ¿Qué sucederá cuando sean grandes? ¿tendrá alguna oportunidad de ganar una pelea un perro que nunca fue alimentado, ni nunca entrenado, frente a otro perro que diariamente lo fue?
El cristiano consagrado vence las tentaciones porque está entrenado. El cristiano se nutre de los medios de gracia. Leer la Biblia, reunirse a estudiar y meditar en ella, participar de la Santa Cena del Señor, son el alimento y el entrenamiento para vencer al viejo hombre.
El que nunca se preocupó por su vida espiritual, o es negligente, pierde la pelea, sucumbe a la tentación y cae en pecado. La anemia espiritual causa perdición. Si no se aviva el fuego de la fe con los medios de gracia, esta se extingue. No solo se pierde la paz, la tranquilidad, la seguridad, la esperanza, sino también la salvación eterna.
Algunos que han tenido la dicha de recibir de la gracia de Dios a padres cristianos y consagrados, han sido alimentados desde la niñez, y hoy gozan de un perro bien entrenado. Pero cuantos de nosotros hemos sido bautizados en la fe cristiana, pero hemos sido mal alimentados.
Jóvenes que se dejan llevar por malas influencias (que no son más que otros que no han sido alimentados en su hombre nuevo). Adultos que comienzan con una pequeña transgresión y terminan arruinando su familia. Siempre se comienza por poco. El perro malo gana pequeñas peleas, el viejo hombre se hace cada vez más fuerte. Pero estos jóvenes y adultos a su vez son mal ejemplo para los demás, pero son aceptados socialmente y hasta a veces admirados. Esto inicia un circulo vicioso donde, por desgracia, la mayoría de la gente alimenta y entrena a su perro malo.
Si nuestro perro malo está mejor entrenado que el perro de Dios, en Cristo está el poder para revertir la situación. Es sencillo, vuelve a tu bautismo. No te vuelvas a bautizar, porque Bautismo hay uno solo, como lo enseña la Palabra de Dios.
Vuelve a tu Bautismo. Cuando veas que en tu vida son más las peleas ganadas por el perro malo, que el viejo hombre domina la gran mayoría de tus decisiones. Vuelve al Bautismo. ¿Cómo se vuelve? Reconoce tus pecados. Sí. Llamemos las cosas por su nombre. Reconozco mi pecado ante Dios, pero se lo cargo a Cristo, o mejor dicho, Cristo lo carga por mí. Si vengo a Dios con mi pecado, acudiendo a su gracia y su misericordia, para que tenga piedad de mi, Cristo quitará de sobre mi esa carga, pues, valga la redundancia, ya la cargó en la cruz del calvario.
Vuelvo a ahogar el viejo hombre en las aguas del bautismo por el arrepentimiento y la fe. Pero ojo que el viejo hombre sabe nadar. Cristo nos renueva con su perdón y de esa manera alimenta nuestro perro de Dios, el nuevo hombre. Entonces hemos de seguir acudiendo a su gracia y misericordia para obtener fuerza, y hemos de leer y practicar lo que dice la Biblia a modo de entrenamiento. El consejo de un gran cristiano, maduro y consagrado, alguien que luchaba diariamente con su viejo hombre, es el siguiente: Pelea la buena batalla de la fe; haz tuya la vida eterna, a la que fuiste llamado... (1Ti 6:12)
En esta pelea no estamos solos. Miren lo que dijo un rey de un pequeño pueblo cuando parecía que tenía todas las de perder ante el ejercito del imperio. "¡Cobren ánimo y ármense de valor! No se asusten ni se acobarden ante el rey de Asiria y su numeroso ejército, porque nosotros contamos con alguien que es más poderoso. Él se apoya en la fuerza humana, mientras que nosotros contamos con el Señor nuestro Dios, quien nos brinda su ayuda y pelea nuestras batallas."... (2Ch 32:7-8)
Si el perro de Dios en cada uno de nosotros va ganando peleas tras peleas, viviremos mejor, tendremos paz. Iremos contracorriente, es cierto. Tal vez podamos de cierta manera romper o impedir que siga avanzado el circulo vicioso que sumerge a nuestra sociedad en la apatía y la crueldad.
Tengamos ánimo y armémonos de valor. Acudamos a los medios de gracia para que el Señor nos fortalezca y nos alimente, pongamos por obra lo que enseña la Biblia y entrenemos, pues a la hora de la tentación, nuestro Dios estará con nosotros dando batalla para que salgamos vencedores y hagamos nuestra la vida a la cual Cristo nos ha llamado.