Haz clic aquí para volver a la página de inicio

Reenvía este mail y ¿se cumplirán tus deseos?

Van pasando los días de mi vida, y mis planes y deseos se ven frustrados. (Job 17:11)

¿Quién no se ha sentido frustrado en sus deseos, por lo menos una vez en su vida? Podemos estar pasando por momentos difíciles, momentos donde nos parece que nuestros sueños y deseos son ya inalcanzables. Podemos estar en un momento de nuestra vida en el que nos hemos jugado por seguir un profundo deseo del corazón, y estamos arriesgando mucho por ello. También podemos estar pasando por una etapa exitosa de nuestra vida, y para el que así sea, seguramente recordará también tiempos pasados donde sus deseos se han visto frustrados.

No es bueno para alguien frustrado en sus deseos, que le digan que la solución a su situación está al alcance de su mano, pero que él no la ve. Peor aún es asegurarle que con un simple gesto, que nada tiene que ver con sus anhelos, puede solucionarse todo. ¿A qué me refiero? A esos mensajes que recibimos por mail y que nos aseveran que si los reenviamos nuestros deseos del corazón se harán realidad. El que desea un casa más grande, que lo reenvíe a tanta cantidad de sus contactos; el que anhela armonía en su hogar, tantos reenvíos y se hará realidad; lo mismo para el que quiere una carrera, tener familia, parejas que desean un primer hijo y no pueden tenerlo… Todo está al alcance de su mano, con solo hacer "clic" y reenviar.

Esta situación juega con los sentimientos de las personas frustradas, que no lo piensan demasiado y hasta recuperan las esperanzas con algo que es ridículo. Soy una persona de fe, pues creo cosas que no podría creer de mi Dios si no fuera por la fe, pero esto va más allá de la fe, no es fe. Esto se llama superstición. Por más que me transmitan un mensaje hermoso sobre la amistad, la familia, o inclusive acerca de Jesucristo y su amor, todo pierde su significado con ese llamado a la superstición.

Estos mail juegan con nuestros sentimientos. Mensajes hermosos que terminan siendo arruinados por la superstición y, hasta a veces, por la amenaza y la coerción: "Si no lo reenvías te sucederá lo peor del mundo…". Esto hace daño a las personas que tienen sus deseos frustrados y andan en búsqueda de esperanza, pero sobre todo que temen a tener más problemas si no reenvían un mail. Personalmente, nunca reenvié esos mails que decían que algo terrible me podía pasar si no lo hacía. Y todavía estoy esperando… Alguien podría insinuarme que estoy jugando con mi suerte al decir algo así, pero no es así. Mi suerte no depende de si reenvío un mail o no.

Si la vida es una serie de causas y consecuencias, como unos piensan. ¿En qué incide reenviar un mail, para que a los 5 minutos recibamos una buena noticia por teléfono? Seguramente alguien le ha sucedido, y puede dar testimonio de ello. A ese alguien, le digo que tampoco yo creo en las coincidencias. Porque creo en un Dios que es dueño de la vida, que con sabiduría me dirige, y que con amor me da más de lo que realmente necesito.

Miren que no estoy diciendo que no hay que reenviar mails, sino me refiere a esos que juegan con las ilusiones y las esperanzas de la gente (en otro momentos podríamos hablar de aquellos que te tratan de mala persona o de creyente hipócrita si no los reenvías). Cuando recibo uno de esos mails, me da lastima no reenviarlo, pero no lo hago por ese mensaje final. ¡Si pudiera modificarlos!, sé que se puede, pero si me voy a tomar el trabajo de hacer algo así, elaboro mis propias reflexiones, como esta.

Alguno que en alguna ocasión me haya enviado uno de esos mails puede estar sintiéndose algo molesto en este momento. Molesto conmigo, o molesto consigo mismo. Pero aquí quiero reconocer una culpa. Los que somos llamados a guiar a los demás en su vida espiritual, seamos pastores, padres, padrinos, consejeros, maestros, etc., tenemos nuestra parte de responsabilidad. Creo que sobretodo los que tenemos el privilegio de enseñar la Biblia.

Dice el salmo 37 en su versículo 4: "Ama al Señor con ternura, y él cumplirá tus deseos más profundos". ¡Cuánto énfasis se pone en la segunda parte! ¡Dios puede cumplir todos tus deseos! Se escucha tantas veces, pero tan pocas veces la primera parte: Ama al Señor con ternura. Si amaríamos al Señor con ternura, con nuestra mente, alma y corazón, todo sería diferente. Hasta los deseos más profundos de nuestro corazón serían diferentes. Ya no seríamos tan egoístas, no discriminaríamos al prójimo, no habría racismo, ni hablar de las guerras, las estafas, la corrupción política.

¿Qué necesitamos primero? ¿Que se cumplan nuestros deseos o que amemos a Dios con ternura? Muchos esperan una muestra de amor antes de amar. He escuchado algo así en una ocasión: "Si Dios quiere que le ame, entonces que me dé primero lo que quiero." Deseos egoístas son los que nos mueven muchas veces, y el amor de Dios, pocas veces. Muestras del amor de Dios tenemos de sobra. Miramos a nuestro alrededor y toda la creación nos habla de su benevolencia y su poder. Miramos la cruz de Cristo y vemos misericordia y entrega por nosotros, perdón y preocupación por nosotros. Vemos el amor de Dios en esa muerte que da vida.

La cruz de Cristo, su muerte y resurrección son vida para nosotros. Una nueva vida iniciada en el bautismo y que perdura más allá de la muerte. Una nueva vida que transforma radicalmente. Los deseos del corazón son cambiados. Los errores del pasado y la falta de amor hacia Dios, perdonados y olvidados. Las frustraciones son curadas. Las esperanzas, recuperadas. Los temores, esparcidos. La suerte, dirigida por Dios. La muerte, vencida. Ahora es posible amar a Dios con ternura.

Dice el Apóstol San Pablo, en su carta a los filipenses, capítulo 2, verso 13: "pues Dios, según su bondadosa determinación, es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos y quien los ayuda a llevarlos a cabo". Algunos que lo hayan aprendido de memoria de más chico lo recordarán como "Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad." Dios porque así lo quiere, porque nos ama, produce en nosotros esta nueva vida en la que buenos deseos también son creados. No crea en nosotros deseos que no se puedan cumplir, aunque sí pueden ser deseos ambiciosos en tamaño y desafiantes. Tal vez esos deseos que Dios crea en nuestros corazones sean más difíciles de cumplir que aquellos netamente egoístas. Deseos de amor, deseos de paz, deseos de ayudar al prójimo, deseos de armonía, deseos de igualdad, equidad…

A deseos más grandes, ¿frustraciones más grandes? ¿El Señor nos dejaría fracasar también con estos deseos? Jamás. No solo produce esos buenos deseos, sino que también está con nosotros para que los llevemos a cabo. También en su amor nos dirige, nos da las fuerzas, y nos acompaña para que se cumplan esos deseos del corazón renovado.

Cuando nos parece que esos deseos no se cumplirán ¿Qué hace nuestro Dios? ¿Nos envía un mail para que lo reenviemos y se cumplan? Claro que no. Nos trae hacia si mismo, su Palabra y sus Sacramentos, y allí nos renueva, nos reanima, nos vuelve a fortalecer, y nos deja ver que con él, sí se puede. El pasado del pueblo de Dios desde sus inicios nos certifica que así es. Dios tiene garantías, y nos las regala para que confiemos en él, y vivamos con esperanza.

Si desea dejarnos un comentario, contactese con nosotros o déjenos su comentario en nuestro blog.

Volver