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Job - prototipo de los que sufren pérdidas

La historia de Job puede encontrarse en la Biblia, en el Antiguo Testamento para ser más preciso. La vida de Job vino a ser de gran consuelo para muchos que sufrieron pérdidas importantes en su vida a lo largo de la historia de la humanidad. Es por eso que nos parece pertinente traerla en este momento.

El relato bíblico nos presenta a Job como una persona de muchas riquezas, una persona que gozaba de buena reputación entre la gente. Tenía, además, una familia bendecida, y era reconocido por Dios mismo como hombre fiel y justo (Job 1.1-8).

Job lo perdió todo en un día: Sus animales, sus empleados, sus hijos. Todos murieron trágicamente en una sucesion de accidentes imprevisibles (Job 1.13-21).

Job, dolido por lo que le sucedió, eleva una plegaria muy conocida:

No tan solo eso, sino que Job también perdió la salud. Para completar el cuadro, Job se vio afectado por una terrible enfermedad de la piel (Job 2.7-8). Sus amigos trataron de consolarlo, pero fue peor el remedio que la enfermedad: le insinuaban que lo que le había sucedido era un castigo de Dios por su maldad. ¡¿increíble?! Su esposa no se quedo atrás de sus amigos y le insinúa el suicidio como una salida a sus aflicciones (Job 2.9-10).

Podriamos pensar a esta altura que el mensaje de la historia de Job es la fortaleza ejemplar en el sufrimiento; que Dios y la Biblia nos aconsejan sufrir en silencio... Pero no. Ante esta situación Job enfurece, se queja hasta de haber nacido y acusa a Dios de ser injusto. ¿No es esa una de las maneras de reaccionar cuando sufrimos una pérdida? Enfurecemos, nos quejamos y acusamos a Dios de ser injusto.

No ajeno a la situación de Job, y siguiendo de cerca todo, el Señor se decide a hablar con Job. Dios no le da a Job ni una sola respuesta a sus cuestionamientos. Dios comienza a preguntar: ¿Dónde estabas cuando lo creé todo? ¿Quien me aconsejo sobre qué hacer con el sol y la luna?

El Señor confronta a Job con su finitud, su insignificancia ante la suprema sabiduría de Dios. Job no puede más que admitir su error ante Dios y se humilla reconociendo su arrogancia y su ignorancia de las cosas de la vida.

La historia termina con un Job restaurado: sano de su enfermedad, con más riquezas que antes y con otros hijos. NO recuperó lo que había perdido, pero superó las pérdidas de la mano de Dios y pudo ser feliz de nuevo.

¿Usted quiere superar sus pérdidas importantes? ¿Quiere volver a ser feliz?

¡Claro que quiere volver a ser feliz!

(Si usted tiene tiempo, lea la historia completa de Job en su Biblia. Es muy provechosa)