A continuación presentamos una serie de preguntas para saber donde estamos en nuestra recuperación y seguir caminando hacia la aceptación de la pérdida y la superación.
Es necesario aceptar plenamente la realidad de la pérdida para comenzar el proceso de recuperación. Para hacerlo es necesario hablar sobre ello. No hay aquí ningún misterio. Tener que formular los hechos en palabras nos ayuda a asimilarlo. Pregúntese:
Ante una perdida dolorosa, a veces no se puede reconocer los sentimientos experimentados. Es necesario trabajar el dolor. Para ello hay que identificar los sentimientos y expresarlos libremente. Pregúntese:
Después de una pérdida es necesario reorganizarse. Los roles cambian. Hay que tomar decisiones pero no demasiado rápido. No dude en pedir ayuda si es necesario. Pregúntese:
Lo perdido no volverá, y la vida continúa. Llenar el vacío no significa haber olvidado, ni es una traición. Pregúntese:
Procesar una pérdida requiere tiempo. Hay períodos críticos sobretodo en el primer año, a los que hay que estar atentos. Hay que saber esperar, los buenos días y las sonrisas volverán. Pregúntese:
Las reacciones diferentes a las que solíamos tener son normales. No se está enloqueciendo, son parte del proceso. Pregúntese:
Cada persona procesa la pérdida de una manera diferente a otra. Si siente que usted no la procesa como los demás, háblelo con alguien. Si se enoja porque los demás lo procesan de una manera diferente, háblelo con alguien. Tenga en cuenta que algunas personas no saben como reaccionar ante la pérdida, o ante una persona que está sufriendo una. Pregúntese:
Muchos ofrecen su ayuda tras una pérdida, y es bueno hacer uso de ese ofrecimiento, aunque sea para hacer un trámite, o comprarle algo. Tener un grupo de personas con las que pueda hablar de su situación es positivo y ayuda a la recuperación. Asimismo es bueno que pueda recrearse con un paseo, una charla, unos mates o un té. Si no tiene ese tipo de contención, busque en alguna iglesia. Allí las personas están puestas por Dios para servir al prójimo y suelen reunirse en grupos pequeños que pueden ser de gran contención. Pregúntese: